Partidos políticos
Por Gerardo Fernández Casanova – Que el fraude electoral jamás se olvide
Hablando de reforma política, el tema de los partidos es insoslayable. El diagnóstico dice que la ciudadanía, en general, siente que no está representada por ninguno de los partidos actualmente registrados y en operación. Esto no es totalmente cierto. El sector conservador de la población guarda un alto grado de identificación con el PAN y sus posturas políticas y administrativas; es indulgente ante sus errores asumiéndolos como resultante de los obstáculos que impone la oposición en las cámaras. No obstante hay un cierto abanico de alternativas que no encuentran fácil cabida en el partido: los hay que lo quisieran más definitivamente empresarial, mas no católico y viceversa; los hay que quisieran una política conservadora, pero nacionalista y los que prefirieran ser anexados a los Estados Unidos; los hay que anteponen el privilegio de la democracia y los que preferirían un estado autoritario y hasta dictatorial. Pero, en todo caso, predomina el temor al cambio, lo que los aglutina con mayor facilidad.
También el PRI aglutina a una parte del sector conservador de la sociedad, los nacidos y formados en la fase productiva de la Revolución Mexicana son proclives a la conservación de aquel estado de cosas en que había permeabilidad social ascendente; que se rebelaron en el año 2000 en rechazo a las políticas neoliberales de Salinas y Zedillo, pero que se arrepintieron después de los aún peores gobiernos de Fox y de Calderón y, muchos de ellos, regresaron al redil priísta. En la mayoría de los estados, el PRI conserva su base clientelar de sindicatos, agrupaciones campesinas y de los no asalariados urbanos (comerciantes, transportistas, profesionistas, etc.) y su estructura electoral territorial. Aunque todos los partidos tienden a presentarse al centro del espectro político, el PRI ha sabido capitalizar el tradicional repudio a la derecha confesional y el temor a las aventuras de la izquierda, en las que finca su fortaleza electoral.
Por su parte, el sector progresista de la sociedad, que se manifiesta insatisfecho con el estado de cosas imperante y que aspira a la transformación de la realidad, no fácilmente se encuadra en algún partido político. La reforma electoral de 1976 abrió el espacio para la organización de la izquierda, comenzando por la autorización del registro del PCM. A la distancia de doce años, el sector progresista aglutinado en torno a la candidatura de Cuauhtemoc Cárdenas en el Frente Nacional Democrático, obligó al régimen a manipular los resultados de la elección e imponer a Salinas. A partir de entonces, el régimen emprendió una brutal ofensiva contra el recién formado Partido de la Revolución Democrática, la que incluyó desde la denostación a cargo de las voces y plumas de los medios masivos de comunicación, hasta la persecución y el asesinato de dirigentes y activistas, incluyendo la implantación de la quintacolumna. Sólo la capital se mantuvo fiel al proyecto progresista, al grado de llevar a Cárdenas a ganar la primera elección de Jefe de Gobierno del Distrito Federal en 1997, posición que el PRD no ha perdido hasta la fecha, virtud a la integración del movimiento urbano popular en las filas partidistas y de sus líderes en posiciones directivas. En el resto del país, con mínimas excepciones, el desgaste fue mayúsculo y, para poder posicionarse, el PRD tuvo que hacer alianzas, principalmente con priístas que no lograron alguna candidatura anhelada. Fue hasta el proceso electoral del 2006 que pudo la izquierda reposicionarse; a partir del atraco del desafuero contra el Jefe de Gobierno del DF se conformó un amplio frente de partidos y se estructuraron las redes de ciudadanos sin partido que abrazaron el proyecto alternativo de nación propuesto por López Obrador. Ganaron la elección y se registró el fraude. En la campaña se hubo fuertes pugnas entre las redes ciudadanas y las burocracias partidistas que se vieron desplazadas y que, incluso en algunos casos, llegaron a vender su aval al fraude electoral. Terminado el proceso electoral, tales burocracias se han encargado de cobrar cara la factura de la preferencia de AMLO por las redes ciudadanas; el desgaste se profundizó e hizo crisis en el proceso de renovación de la dirección del partido, en la que, no sin la mano negra del régimen a través de la intromisión del tribunal electoral federal, la burocracia de hizo de la dirección y se cerró aún más la participación ciudadana. Por su parte, los otros partidos constitutivos del Frente Amplio Progresista no han rebasado su condición de ser grupos cerrados, no obstante el acompañamiento del Partido del Trabajo a la movilización popular dirigida por AMLO.
Es por esto que en el sector progresista se que se cumple a cabalidad el diagnóstico expresado al inicio del artículo, en el sentido de no encuadrar en ninguno de los partidos existentes. También se cumple tal diagnóstico al aseverar que se trata de la mayoría de la población. El gran vigor de la campaña del FAP en el 2006 sólo se explica a partir de entender que la mayoría progresista de la sociedad se volcó en respaldo del liderazgo de AMLO, rebasando las limitaciones de los partidos. Esta condición está vigente y, aún con la perversa campaña de difamación y desinformación desatada para acabarlo, López Obrador ha visto reforzada su capacidad de convocatoria y podrá repetir la hazaña del 2006, ahora con una mejor organización ciudadana atrás de él.
Comienza el emblemático 2010. ENHORABUENA.
Por Gerardo Fernández Casanova – “Que el fraude electoral jamás se olvide”
Confieso que me está costando mucho trabajo escribir este artículo; estuve tentado a evadir el compromiso que me he impuesto, argumentando un hipotético período vacacional. La verdad es que me es imposible soslayar el convencionalismo del cambio de año; el consabido recuento de lo sucedido en el que termina para hacer propósitos para el año que comienza, pero no deja de ser doloroso reconocer que, en el 2009, los mexicanos registramos el peor año de nuestra historia, si acaso superado por los que se vivieron con las guerras de intervención, las yanquis y la francesa; hablo de las yanquis para incluir, además de la de 1847 que nos robó la mitad del territorio, la de 1913 que implicó el cuartelazo que asesinó al presidente Madero, gestado en y por la embajada de los Estados Unidos y que provocó la fase más cruenta de la Revolución Mexicana, necesaria para derrocar al sátrapa Huerta, impuesto por el embajador Henry Lane Wilson. También incluyo la que se practica de manera continua con las armas de la economía. En este año que termina se vivió la peor crisis económica desde la etapa armada de la revolución, sumando a la doméstica, que ya dura más de veinte años, la del mundo capitalista, con sus secuelas de desempleo y recrudecimiento de la carestía y la pobreza. Nuestras ciudades están tomadas por las fuerzas beligerantes del crimen organizado y del gobierno; la población es presa de una violencia inusitada y, de hecho, se vive un no declarado estado de sitio. La gripa AH1N1 amenazó al país y puso de manifiesto el efecto del desmantelamiento del estado, inerme ante el riesgo, así como la impericia del gobierno gerencial que, además de provocar pánico en la población, paralizó innecesariamente la actividad económica, con especial daño a la del turismo. No contento con los fracasos acumulados, el régimen la emprende contra los trabajadores y, con argumentos falaces y medidas ilegales, cierra Luz y Fuerza del Centro y deja en la calle a más de 40 mil jefes de familia. El proceso electoral de mitad de sexenio mostró la debacle de la izquierda electoral y la entronización del zopilote bicéfalo, bajo los auspicios del poder de la televisión. El clero católico arremete contra un ya lánguido laicismo y pretende regresar el reloj de la historia para convertir el catecismo en ley. El rechinar de dientes se escucha por doquier. Trato de escudriñar en la memoria alguna noticia grata, más allá de las de orden personal, y no la encuentro. Corrijo. Es buena noticia la sobrevivencia y el fortalecimiento de la movilización popular encabezada por AMLO, su presencia hasta en el más recóndito municipio, su pertinaz estructuración, el emblemático triunfo en Iztapalapa, su conexión con otros movimientos sociales. Todo ello en resistencia al más agresivo embate político y mediático jamás visto. Bueno, viéndolo bien, esta es una gran noticia: estamos vivos y tenemos la esperanza. Vale. Comienza el emblemático 2010 de las conmemoraciones centenarias y de las premoniciones cíclicas. En tratándose de años, los del número diez han marcado los inicios de luchas tan importantes como la de la independencia y la de la revolución, que cambiaron profundamente la realidad nacional. No comparto el fatalismo de las fechas, no obstante hay quienes se esfuerzan por hacerlo valer, principalmente quienes, desde el poder, se obstinan en crear las mismas condiciones que dieron lugar a los acontecimientos que se conmemoran. Ni la corona española ni la dictadura porfirista fueron tan obstinados en desoír las advertencias de la realidad, como lo es el actual régimen espurio que, obcecado en las recetas políticas y económicas de sus patrones, insiste en mantener los privilegios de unos cuantos y en acrecentar la pobreza de la mayoría. Para el año que comienza no puedo desear felicidades; se avizoran tiempos de enorme sacrificio y lucha. En todo caso, mi mayor deseo es que los sepamos afrontar con la plena decisión de salvar al país. El mayor esfuerzo tendremos que enfocarlo a la educación política, a la formación de la conciencia de la gente común para vencer los efectos nefastos de la propaganda oficial, de la desinformación mediática y de la manipulación clerical, verdaderos instrumentos de lo que los curas llaman “el maligno”. Son muchos frentes para una misma lucha; desde la promoción de un referéndum para revocar el mandato de Calderón, que no por simbólico deja de tener eficacia, hasta la consecución del paro nacional que obligue al régimen a la retirada, para dar lugar a la fuerza popular en la conducción del país conforme a sus legítimos intereses. Es hora de vernos todos a la cara y de reconocernos en calidad de Patria. Es mi mejor deseo para el 2010. Enhorabuena que así sea.
Recordando a Robert G. Ingersoll
Bien decía el buen Bob Ingersoll que las religiones no siembran ni cosechan, no talan montes, ni producen alimento. Viven de la caridad, son por tanto unas méndigas perpetuas; y sin embargo, tienen la osadía de pretender que ayudan a quien les da. Esa cita ha tenido vigencia siempre. Recordaba todo esto porque desde hace un año, de forma “milagrosa” me están llegando correos de catholic.net que relucen por sus títulos y sus contenidos. Se han juntado varios pero hasta ahora es que vine a recordar la frase de Robert G. Ingersoll, porque varios de ellos se ajustan a la cita. Pensaba hablar de la arremetida de los católicos cibernéticos estos contra el laicismo, el paganismo (del que provienen aunque les pese o no lo reconozcan), de la tolerancia que tienen o la intolerancia que sufren, de crédulos, creyentes e incrédulos (bastante curiosas las lupas con las que miran esos conceptos), el diablo, el infierno y el halloween, el relativismo y el absolutismo, el escribir cartitas a Tata Dios, al Niño Dios y a los Reyes Magos (háganme menudo favor, ya nada más les faltó San Nicolás), y muchos más. Dan los temas para largo.
Pero hablaré del que me sigue haciendo recordar a Bob Ingersoll; el dinero. El encabezado de algunos de sus emails dice: “¡Su apoyo para la evangelización!”. El cuerpo del mensaje dice algo así:
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Ya veo los comentarios venir; que si no piden, ¿de qué van a vivir? (Pues que trabajen para empezar), que si es para hacer un bien (pues expliquen en qué consiste exactamente ese bien, sobre todo para el que da el dinero), que ni es tanto dinero, que hay gente que se lo gasta en insensateces, lo derrocha y todo eso (¿y eso les da derecho de pedir?) El asunto es que no parece muy cristiano eso de andar pidiéndole dinero a la gente. Eso ocurre en todas las religiones. Nombren una religión en la que no pidan dinero… Debe haber una sí, pero díganme ¿cuál es? Hay muchas implicaciones en eso de pedir dinero, en no pagar impuestos, en no rendir cuentas a nadie. Implicaciones que difícilmente trataré en este pequeño escrito por falta de tiempo. Sin embargo sigue saliendo a relucir el hecho de que Bob sigue teniendo razón, sin dinero ellos no funcionan. Y de ahí que diga yo que no es muy cristiano ese asunto, ¿funcionaban Cristo y sus doce seguidores con dinero? Si la respuesta es sí, entonces no era muy poderoso el hijo de Dios, ya que para hacer la obra de su padre (de él mismo) necesitaba algo tan mundano como el dinero. Si la respuesta es no, entonces ¿con qué justificación (además de la ilusoria idea de que hacen un bien) piden dinero? Y en ambos casos, cualquiera que sea la respuesta, ¿hay evidencia de que así sea?
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Tres años de entreguismo y destrucción
Por Gerardo Fernández Casanova – “Que el fraude electoral jamás se olvide”
En contrapartida a mi artículo de la semana pasada, en que me referí a los tres años de lucha y construcción conducidos por el movimiento popular encabezado por AMLO, hoy escribo al respecto a los tres años de entreguismo y destrucción del régimen espurio, pero no a los ya transcurridos, que han sido ampliamente documentados y avalados por la terca realidad, sino a los que le quedan a la administración surgida del fraude y que, con pleno cinismo, Calderón calificó como largos y que tendrán como prioridad el combate a la pobreza: como quien dice: primero los pobres.
¡Pobres de México: preparaos! Si en los tres primeros años la prioridad fue el combate al crimen y la inseguridad, con resultado de varios miles de muertos, ya podemos adivinar la estrategia: para abatir los niveles de pobreza se eliminarán varios miles o millones de pobres. El hambre y las enfermedades son valiosos aliados para lograr el efecto buscado y, por cierto, a muy bajo costo para el erario federal. Baste considerar los efectos letales del aumento en el costo de la vida, debidamente provocados por las alzas en los impuestos, y el creciente desempleo tácticamente generado por el depredador modelo económico neoliberal, no sin agregar los avances súbitos logrados mediante la destrucción de las empresas públicas, al estilo Luz y Fuerza del Centro.
El ilegítimo ocupante de la residencia presidencial, insatisfecho ante la pertinaz obstaculización de sus proyectos modernizadores, se apresta a insistir en el afán privatizador, particularmente en materia energética, con iniciativas para demostrar la incapacidad del estado para operar y construir refinerías de petróleo o para generar y distribuir energía eléctrica. Así mismo, se empeña en desprestigiar a los sindicatos independientes (los otros están desprestigiados sin necesidad de ayuda oficial) para forzar una reforma al régimen laboral que borre cualquier vestigio de justicia en las relaciones obrero patronales.
Muchos dimos por supuesto que la derrota electoral sufrida por el PAN en los pasados comicios, colocaría a Calderón contra las cuerdas y le obligaría a moderar sus ánimos antipopulares. Craso error. En efecto, su partido perdió las elecciones, pero en cogobierno con el PRI el modelo depredador continúa vigente y revitalizado. No sólo porque son la misma cosa, sino por el hecho de colocarlo en la obligada necesidad de definirse ante la opinión pública y, particularmente, ante sus verdaderos patrones: si se oponen a la privatización quedarán exhibidos como peligrosos lopezobradoristas, con lo que hasta Peña Nieto sería calificado como un peligro para México, con todo y su rating telenovelero. De apoyar las privatizaciones propuestas, quedaría confirmada la calificación popular que los sacó de la presidencia en el año 2000. Cualquiera que sea la postura priísta ante la embestida, tendrá un alto costo electoral para el tricolor.
El talante destructivo y represivo del régimen se verá reforzado. Da cuenta de ello, de manera ejemplar, el spot propagandístico por el que una persona con ropa y figura de trabajador electricista exige a un ama de casa que le entregue $1500; ante la respuesta de que su recibo no registra adeudo, el supuesto trabajador le revira que es el pago para sostener a la empresa y al sindicato; terminado el dialogo, una voz explica que ese es el costo que implicaba para cada uno de los mexicanos la existencia de Luz y Fuerza del Centro, razón por la que se decidió su extinción. ¡Que poca madre! Habría que hacer otro spot en que apareciera un rollizo banquero exigiendo $4500 a cada mexicano, para cubrir los 450 mil millones de pesos de impuestos que los grandes consorcios dejan de pagar cada año.
¿Tendremos que seguir soportando esto por otros tres años?
¿Harían eso que hacen si no creyeran en Dios?
Los últimos sucesos ocurridos en México, en relación al terrorismo de bajo presupuesto (y espurio, patrocinado por “Jumets”), dejan una notable marca que debería hacer que los creyentes se pregunten si un sujeto pretendiendo hacerla de terrorista (en un caso con resultados de risa y en el último con resultados lamentables) haría tales cosas si fuera ateo o agnóstico. Por supuesto no hay que negar que el hecho de ser ateo o agnóstico no implica que alguien no pueda cometer daños en contra del prójimo. Sin embargo el ateísmo y el agnosticismo no promueven ni garantizan que, por tener tal ideología (que no por “convertirse” como lo manejan los religiosos) será uno una persona “buena”. Así que nos enfocaremos en lo que el cristianismo y las religiones de hecho, afirman: Que por ser creyentes, tienen una tendencia a hacer el bien, que su moral está guiada por un ser supremo, infinitamente bondadoso y moralmente superior, que no está en su proceder actuar contra el prójimo. Pues bien, tenemos primero a un pastor, un sujeto de origen boliviano, de nombre José Mar Flores, fincado en México que afirmó haber estado bajo la influencia de Dios cuando intentó secuestrar el avión #576 de AeroMéxico, todo con la intención de dar a México y su gobierno un mensaje (profético), el cual consistía simplemente en, no me lo van a creer, prevenirnos de un gran terremoto y que por tanto, habría de estar unido el pueblo mexicano en oración. Para no parar con la estulticia, el pastor afirmó que había escogido nuestro país por tener un símbolo pátrio profético. Dejaremos en esta ocasión de lado, la teoría de que todo esto no es más que un burdo intento distractor y mal montado, porque si usted ha viajado en avión, sabrá que introducir metal y alimentos no es algo que (desde el 11-S) sea fácil, y que hubo gente en el avión que no sabía lo que ocurría. El pastor por cierto, afirmó no pertenecer a ninguna secta. Tal contradicción es por cierto, común en los integrantes de las sectas, a los que habría de preguntarles entonces qué caraxos entienden por ese término.
Por otro lado, tenemos el evento ocurrido el día de ayer, pasadas las 17:00 hrs. en la estación del metro Balderas en la capital mexicana, donde hubo dos lamentables asesinatos contra un oficial de vigilancia y un pasajero incidental civil del tren subterráneo, albañil de ocupación, además de otros cinco lesionados. El tiroteo fue iniciado por Luis Felipe Hernández Castillo, quien según declaraciones del propio Miguel Ángel Mancera, procurador de justicia, en ocasiones hablaba de un mensaje bíblico, entre tantas otras ambigüedades, por lo que se evaluaba un exámen psicológico.
Hace tiempo llegué a cuestionar si en la época de la cacería de brujas, habrían tenido motivo para matar y quemar a tanta gente (inocente obviamente) si no hubieran creído en la existencia de personajes de fábula como el diablo o el mismo Yahvé. La cuestión aquí es que también es probable que habría homicidios (ocasionados quizá por la falta de oportunidades, como hoy en día se da en este “gobierno del empleo”), pero los delirios proféticos nos estarían ahorrando un buen número de muertes y de actos terroristas en todo el mundo, justificados por quienes dicen ser, seguidores del “Dios vivo”.
El balido de dependencia
Por Gerardo Fernández Casanova
Que el fraude electoral jamás se olvide.
En el centésimo nonagésimo noveno aniversario del inicio de la lucha por la independencia patria, antesala del segundo centenario, me pregunto si algún día podremos celebrar su culminación. Ha habido fechas memorables en las que nos hemos visto, como nación, cercanos a alcanzarla, pero no son más que breves destellos de gloria que muy pronto se desdibujan en la cruda realidad, siempre envuelta en trozos del lábaro patrio y acompañada del estallido de los artificios del fuego sonoro y su cauda de luces de embelezo. El septembrino mes de la Patria, además de celebrar, el día quince, el Grito de Dolores con que Miguel Hidalgo convocó a la insurrección, conmemora también, el día trece, la gesta heroica de los cadetes del Colegio Militar caídos en la resistencia contra la invasión yanqui que, no satisfecha con el robo de la mitad del territorio nacional, sirvió de inauguración del flamante imperio norteamericano y, en consecuencia, de la nueva y permanente subordinación de México a sus designios.
En la edulcorada historia oficial, el festejo septembrino se acompaña de sonoros gritos de “mueran los gachupines”, propio del día quince, pero ¡guay de aquel que ose, el día trece, gritar “yanquis go home”! El cinismo de las mentes adocenadas mantiene la figura de los Niños Héroes, e inflama los corazones con la generosidad de los defensores del Castillo de Chapultepec, pero es omisa en recordar el crimen causante de esa expresión de heroísmo. Todo queda en efemérides dibujadas y decoradas sin ofender al patrón.
Se canta el Himno Nacional repitiendo su letra pero ignorando su espíritu. La gente supone que “masiosare” es el apodo de algún malandrín disfrazado de “extraño enemigo”. Mas, si osare el extraño enemigo, profanar con su plata mi sueño de libertad, no habría inconveniente, a menos que también osara manchar con mi suelo su planta, para cuyo caso estarían prontos a lavársela la caterva de privilegiados que osa gobernarnos.
La noche del 15 de septiembre se renueva el Grito de la Independencia, pero las otras 364 noches y sus días, se mantiene el balido de la dependencia. El día 13, les toca a los Niños Héroes, el resto del año a los empresarios que nos traen cuentas de vidrio y se llevan nuestras riquezas, o a los marines que nos protegieron contra los nazis alemanes, o contra el populismo cardenista, o contra el comunismo ateo de los rusos, o contra la pedofagia (almuerzo de infante asado) castrista, o contra los criminales narcotraficantes o, para redondear, los pinches terroristas que le hacen competencia a la CIA. Para colmo, como los golpistas hondureños, nos protegen de las diabluras chavistas.
A cambio de tan valiosa protección, quienes han detentado y detentan el poder, el pequeño grupo de beneficiados por el patrón, encabezados por el tal Salinas de Gortari, insisten en borrar cualquier expectativa de progreso real y se empecinan en desmantelar los afanes de independencia. Han provocado o, si se quiere ser ingenuos, han conducido las crisis para desembocar en soluciones “dolorosas” pero, según ellos, indispensables para “retomar el rumbo del desarrollo”, mediante sus consabidas reformas estructurales. Con eufemismo rayano en hipocresía, se mantiene un modelo económico cuyos únicos beneficiarios son los grandes intereses gringos, mientras que sumen en la miseria a un número cada vez mayor de nacionales.
El paquete fiscal propuesto por la dupla Calderón Carstens, diseñado para tapar el boquete por ellos provocado, pretende acabar con la pobreza y, ténganlo por seguro, lo podrá lograr a base de acabar con los pobres. El famoso boquete tiene claras trazas de ser la fosa común para tanto muerto de hambre. Unos pocos, por tibia, los más, por criminal, la propuesta ha merecido el repudio generalizado. En su grosera redondez, apenas es perceptible el alzamiento de hombros del tal Carstens que nos lanza un claro: !Háganle como quieran! No hay más tela de donde cortar. Los priístas en la cámara formulan severas declaraciones de rechazo para, en lo oscurito, negociar el proyecto salinista de cancelación del país. Padecemos un severo cáncer cerebral que se pretende curar mediante la amputación de pies y manos.
El Gobierno Legítimo y el movimiento en defensa del petróleo y la economía popular, celebraron el “grito de los libres” y, en coherencia, formulan el proyecto alternativo para ser entregado el próximo día 21 en San Lázaro. ¡Claro que hay tela, y mucha, de donde cortar! Comenzando con el obsceno gasto de la alta burocracia, brutalmente incrementado con los panistas; las prerrogativas fiscales de las grandes empresas y sus impunes rescates; el verdadero combate a la corrupción, y la multiplicación del rubro de inversión en infraestructura y educación; sólo podrá aspirarse al progreso si se recupera el mercado interno mediante empleos y salarios dignos; asegurar el acceso a la educación, la salud y la alimentación para la mayoría hoy desprotegida.
Eso mismo se propuso en el 2006 y la gente lo votó afirmativamente. El señor López, el famoso “peligro para México” ya lo habría cumplido. Lástima.
En defensa de la humanidad, el caso Honduras
Por Gerardo Fernández Casanova
Que el fraude electoral jamás se olvide
Pareciera increíble pero el mundo está cambiando. Lo que hoy sucede en el caso de Honduras sería una novela de ficción para un analista de dos o tres años atrás. Un presidente de derecha que, en el proceso de intentar gobernar, se convierte en una suerte de paladín de la izquierda; un golpe de estado propinado desde la más ortodoxa oligarquía es repudiado, de forma unánime y sin cortapisas, por la comunidad internacional, particularmente por la otrora inefable OEA; un chavista converso que, el mismo día de su derrocamiento y destierro, se reúne con los presidentes de los países miembros de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), al día siguiente con los del Grupo de Río y luego es recibido en la asamblea general de Naciones Unidas, es algo verdaderamente insólito. Bueno, ¡hasta Calderón, se sumó al repudio al golpe! Qué hubiese dado Hugo Chávez por contar con una mínima parte del respaldo otorgado a Manuel Zelaya, cuando recibió el golpe de estado del 2002, en que sólo contó con la simpatía de Cuba, mientras el resto se hacía de la vista gorda o, como los casos de México, España y Estados Unidos, que se anticiparon a reconocer a los golpistas. Habrá que ver cómo se desenvuelven los acontecimientos en los próximos días; no será sencillo hacer dar marcha atrás a esa oligarquía bananera, anclada en los esquemas de la guerra fría y claramente dispuesta a reprimir sin miramiento alguno. Se requerirá de un heroísmo superlativo en el pueblo hondureño para conjurar el golpe y para aprovechar la coyuntura emancipadora, cuentan con la solidaridad de pueblos y gobiernos latinoamericanos. Si no fuera por mi mermada juventud, ya estaría embarcandome junto con otros muchos para apoyar a los hermanos hondureños.
Vale la pena analizar y tratar de entender cómo es que se llegó a establecer esta sorprendente condición solidaria. Alguien comentó que son los signos de la era Obama y, en alguna medida, les asiste la razón; en la era Bush ya estaría desplegada la IV Flota para apuntalar al gobierno de los salvadores de la democracia made in usa y el tal Zelaya estaría debidamente demonizado. Pero es preciso anotar que este proceso se inició desde antes y que, incluso, el propio fenómeno Obama es producto de él. En realidad esto es producto de los movimientos populares de rechazo al mundo de la economía globalizada y neoliberal. Un referente claro es la explosión popular de rechazo a las medidas de choque impuestas por Carlos Andrés Pérez en Venezuela al final de los años ochenta, que se le conoce como el Caracazo por la cruenta represión que provocó, y que constituyó el preludio de la llegada de Chávez al poder por la vía electoral y, con él, de la Revolución Bolivariana que desató procesos similares en casi toda la América Latina, profundos en los casos de Bolivia, Ecuador, Nicaragua y El Salvador, pero importantes en les resto de los países, incluidos los que aún gobierna la derecha en México, Perú y Colombia. El arribo de Lula a la presidencia de Brasil significó otro gran triunfo de los movimientos populares, muy ligado al altermundismo.
Un elemento común en la mayoría de los países ha sido el afán emancipador, fortalecido como respuesta a los excesos del imperialismo bushiano, lo que facilitó el camino para avanzar en el viejo anhelo de la integración latinoamericana. El primer encuentro afirmativo se dio en la OEA, en ocasión de la elección de su secretario general, que rechazó al candidato de los gringos (aquel gris canciller mexicano, de apellido Derbez) e impuso al chileno Insulza en el cargo. Siguió con el entierro del proyecto yanqui del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA) en la histórica reunión continental de Mar del Plata. Otro punto nodal del proceso fue el respaldo brindado al gobierno constitucional de Evo Morales en Bolivia, amenazado por la insurrección separatista de la oligarquía respaldada explícitamente por la embajada de los Estados Unidos. La incorporación de Cuba, pionero y permanente promotor de la emancipación, al Grupo de Río, junto con el trato igualitario ofrecido a Obama en la reunión de Trinidad y Tobago, son muestra del avance y significación del proceso integrador. En paralelo se consolidan esfuerzos asociativos en materia energética y financiera, como son Petrocaribe y el Banco del Sur; la Unión de Naciones del Sur y la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). Todo ello en un ánimo de reencuentro entre naciones antes divididas por la perfidia imperial y en defensa de la humanidad.
Anoto aquí, por enésima vez, mi crítica al localismo del movimiento popular mexicano encabezado por AMLO. Otro hubiera sido el destino del fraude electoral si hubiese contado con la solidaridad latinoamericana, para entonces ya floreciente. La derecha atacó aplicando la figura del demonizado Hugo Chávez y, vergonzosamente, se optó por la negación y el aislamiento. Es hora de que Andrés Manuel vaya al sur a enmendar el error y sumarse al movimiento latinoamericano. Para luego, es tarde.