Que no eran pederastas…
Hace poco visité una iglesia católica por motivos familiares, suena a excusa, y lo es. ¿Por qué otra razón habría un ateo o agnóstico visitar una iglesia como no sea para tomar fotografías de su arte o estudiar su arquitectura como monumento histórico? Pienso que en coherencia con las propias ideas, uno debe abstenerse de entrar en tales lugares, no sólo por respeto a sí mismo, sino por respeto a los demás. Sin embargo, ante el conocimiento de nuestra familia de que rechazamos la mayor parte de los dogmas que a la gente le gusta creer, y ante la insistencia y equivocada acusación de “cerrados”, decidí acceder.
Ahora las misas son cortas, ya no duran tanto timpo, una hora a lo mucho. Pero de esos 45 o 60 minutos, lo que ocupa gran parte del tiempo es el famoso “sermón” del sacerdote. El sermón ya es redundante, divagante y pretende ser ese llamado de atención que las descarriadas (siempre descarriadas) ovejas necesitan para su guía espiritual. Durante ese eterno tiempo, escuchando la voz del cura entre ecos de la construcción, los cantos repetitivos e hipnotizadores (con un profundo efecto somnoliento y aturdidor), noté que tenían una bandera del Vaticano , una de México, mi país, y un estandarte de la virgen de Guadalupe.
¿Por qué tanto respeto al Vaticano? Si bien la mezcla de la religión con el nacionalismo patriótico no me parece tan descabellada (ya que en ocasiones veo al patriotismo y al nacionalismo como una especie de religión secular), creo que estos remanentes del imperio romano pretenden hacer que los fieles de Cristo defiendan lo que hoy es institución y país o estado, y con ello al antes conocido como César (MAXIMVS PONTIFEX), el Papa.
La Iglesia Católica Romana ha llenado todos los espacios posibles haciendo su presencia casi como la del dios que dicen venerar, omnipresente; buscando negar los delitos que se le imputan aduciendo que simplemente “se defienden”. Así como colocan banderas del Vaticano las iglesias del mundo, escudriñan lo que en la prensa se dice de ellos y responden para mantener su imagen de “Santa Católica y Apostólica”.
Si bien la prensa suele exagerar y ser imprecisa, la acusación que dicen los comunicados de la Iglesia les echan en los medios de que son millones de pederastas en su organización, es un mito según defiende el newsletter de Catholic.net titulado “Los interesantes números de Mons. Charles Scicluna acerca de los sacerdotes pederastas”, del cual cito textualmente parte:
Tres mil sacerdotes acusados de pederastia en los últimos cincuenta años… no son millones, como pregona la prensa, pero son muchos. Tres mil casos en 50 años significan, en promedio, 60 casos cada año, 5 cada mes. Cinco sacerdotes acusados de pederastia cada mes es una cifra escandalosa, pero… analicemos los demás datos que nos dio el obispo fiscal.
Mons. Scicluna nos dice que en el 60% de los casos que les reportaron, pudieron comprobar que no se trató de actos de pederastia, sino que fueron actos de “efebofilia” realizados con muchachos mayores de 18 años, que (esto es mío) se supone ya son plenamente conscientes y están de acuerdo con lo que está sucediendo. No es que sea algo lindo. No, es ciertamente algo horrible (abominable), pero queda claro que estos 1800 sacerdotes cometieron actos homosexuales, pero no eran curas pederastas.
También nos dice Mons. Scicluna, que en el 30% de los 3000 casos reportados pudieron comprobar que se había tratado de relaciones heterosexuales realizadas con mujeres mayores de 18 años, que… pienso yo… comparten la culpa con el sacerdote por lo menos en la mitad (si no es que más, por la manera abiertamente seductora con que muchas mujeres se comportan ante los sacerdotes). Estos 900 sacerdotes ciertamente cayeron en las garras de estas mujeres “ligeras” y faltaron gravemente contra su voto de castidad, pero no eran curas pederastas.
Quitando esos 60% + 30% de los 3000, nos quedan solamente 300 casos de “sacerdotes acusados de pederastia” en 50 años, 6 cada año, 1 cada dos meses.
Que aparezca un cura pederasta cada dos meses sigue siendo una cifra terriblemente grande para la santidad que todos los católicos esperamos del 100% de nuestros sacerdotes, pero… es un porcentaje bien chiquito en comparación al porcentaje de los pederastas que no son sacerdotes.
Según Lucrecia Rego de Planas (quien escribe éste newsletter católico), un jóven de 18 años no puede ser violado porque a esa edad, teniendo los conocimientos que tenga sobre sexo, deberá estar de acuerdo con un sacerdote que le lleva una o dos décadas adelantada la edad (y mucho más). Además, como la violación a niños es más repudiable que la homosexualidad, es necesario aclarar que mientras los jóvenes tengan 18 años, el acto se vuelve consensual, homosexual y no cosa de pederastas (usan el término efebofilia, un eufemismo para definir la pedofilia que existió en dichos sacerdotes).
Por otro lado, tenemos que la autora defiende a los sacerdotes abusadores, porque ahora resulta que a ellos sí los pueden violar, pues las mujeres (quienes según Lucrecia, pueden tener mayor culpa por ser tan abiertamente seductoras) deben ser tan responsables en estos casos. como cuando las violan por usar ropa “provocadora”.
De su conclusión que de 3,000 curas acusados de pederastía sólo queden 300 (el 10%), habría todavía qué preguntar por ejemplo en cuanto tiempo fueron delatados, procesados y declarados cupables los que eran culpables (nada más de pederastía). Y, ¿no son culpables los que los encubrieron? Los que encubren a Nicolás Aguilar, los que encubrieron a Marcial Maciel, ¿no son culpables también? Eso haría que el número de 300 se vuelva a multiplicar.
Para terminar la autora dice:
Simplemente el 16 de marzo del 2005, en 20minutos.es, vemos la noticia de la detención de 500 implicados en una red de pederastia. En el estudio histórico que hacen y que puede consultarse aquí hablan de más de 9,700 implicados en la pederastia de 1997 al 2005. Vemos entonces claramente que los casos de pederastia son mucho más comunes entre los “no-sacerdotes” que entre los sacerdotes. Pero continuemos con los números de Mons. Scicluna. Hasta ahora nos quedaban 300 casos de sacerdotes acusados de pederastia en los últimos 50 años. ¿Todos ellos, los 300, resultaron ser realmente y comprobadamente culpables del delito del que los acusaron?
Mons. Scicluna nos dice que, de los 300 sacerdotes acusados de pederastia:
- 60 sacerdotes (el 20%) pasaron por un proceso penal o administrativo (ver cánones 1717-1728 del CIC) en las diócesis de procedencia, bajo la supervisión de la CDF
- 180 sacerdotes (el 60%) no fueron sometidos a ningún proceso penal o administrativo por su edad avanzada (se trataba de sacerdotes muy ancianos). Simplemente se decidió eximirlos del proceso (que hubiera implicado audiencias, careos, pruebas, coartadas, testigos, abogados, etc.) e imponerles directamente (sin haber sido procesados) algunas normas disciplinarias, como la obligación de no celebrar misa con los fieles, de no confesar y de llevar una vida retirada y de oración. No hubo para ellos ni absolución ni condena formal
- 30 sacerdotes (el 10%) fueron casos particularmente graves, con pruebas abrumadoras, en los que el Santo Padre autorizó un decreto de dimisión del estado clerical
- 30 sacerdotes (el 10%) pidieron ellos mismos la dispensa de las obligaciones derivadas del sacerdocio que fue aceptada con prontitud. Estos 30 tenían en su poder material de pornografía pederasta y fueron condenados por las autoridades civiles.
Así que, al final, de los 300 acusados de pederastia en los últimos 50 años, nos quedamos con 60 que se comprobaron culpables, 60 que están siendo procesados en sus diócesis y 180 ancianos, que nunca sabremos si fueron culpables o no, pues no fueron sometidos al proceso penal. ¿En qué consiste dicho proceso? Copio debajo de mi firma los cánones correspondientes (1717-1728) del Código de Derecho Canónico, para todos aquellos que quieran conocer el proceso que se llevó a cabo con los 120 sacerdotes que fueron (o están siendo) procesados y lo que no se llevó a cabo con los 180 sacerdotes que no fueron procesados por su edad avanzada.
Confío en que muchos periodistas leerán esta nota y podrán quitar de su corazón (y de sus notas periodísticas) el convencimiento de que ”hay millones de sacerdotes pederastas”
También dice Lucrecia que hay más pederastas que no son sacerdotes, que los que sí lo son. Probablemente tenga razón. Y ello no evita que pensemos que la mayoría de los sacerdotes que han aceptado una vida célibe son homosexuales debido a la represión de la que son objeto por parte de la moral religiosa, porque no pueden tener sexo como dios manda (¿para qué creen que les dieron un pene que eyacula esperma entonces?). Y esa represión muchas veces se exterioriza como una fuga en una cámara a presión hacia la violación de menores. No es raro que les pase eso al no querer tener acceso a una vida sexual natural y saludable (por natural me refiero a tener sexo activo, sea hetero u homosexual). De acuerdo, no hay millones de pederastas. Porque no hay millones de sacerdotes.
El texto original cictado está en: http://catholic.net/file/print.php?id=1218