Preámbulo:
El siguiente texto es una opinión muy personal del escenario político que existe en nuestro país, y sobre todo, sobre diversas opiniones que he encontrado en la Internet. Si bien estoy intentando retomar el curso original de Tumbaburros, creo que la política es un tema que también llegó para quedarse. Si eres de las personas fanáticas, de los abyectos ignorantes de la reciente historia política de México, de los obtusos argumentistas faláces que no pueden sustentar sus opiniones con un razonamiento bien fundamentado, si eres un indiferente y no te molesta que exista gente muriendo de hambre o indígenas suicidas que en la desesperación buscan la muerte para acabar con su mala suerte, si sabes afrontar retos con tu intelecto buscando textos, leyendo, documentándote, informándote, siendo prudente y dejando de lado la visceralidad y la verborrea, entonces te invito a seguir leyendo:
El escenario político en que se ha visto inmerso nuestro país no es un asunto de intrascendencia, por el contrario es de vital importancia, pues no es exagerada la frase de “el futuro de México de pende de estos sucesos”. Últimamente, de hecho desde 2006, han abundado los textos sobre política en el blog más que de cualquier otro tema. Si bien inició como un “diccionario de lo inlógico” (que no ha dejado de serlo), considero prudente también tocar temas como éste, que sigue sin ser de agrado de muchas personas, en especial de las que mencionaré a lo largo del texto.
Primero caben algunas presiciones: El que a título personal considere que la mejor opción política para el país haya sido Andrés Manuel López Obrador no me hace en ningún momento, como gustan muchas de las personas que repiten la campaña iniciada por un español llamado Antonio Solá (hoy nacionalizado mexicano por el mismísimo Vicente Fox), “pejezombie”. No voy a negar el hecho de que si existe fanatismo hacia la figura de Andrés Manuel, que si abunda la gente que se enfada cada que alguien le critica o lo hace menos con algunos comentarios obtusos y mal fundamentados, o bien con argumentos bien fundamentados (estos generalmente carecen de falacias y se centran en la idea, no en la persona).
Tampoco es que no le critiquemos. Ninguna de las personas cuya opinión respeto, ha dejado de criticar al político tabasqueño, entre ellos se encuentran Julio Hernández López, periodista del diario La Jornada, José (Monero) Hernández, caricaturista de varias publicaciones que incluyen la revista El Chamuco y Proceso, además del antes mencionado La Jornada., Antonio (monero) Helguera, caricaturista también de las mismas publicaciones que Hernández, Eduardo del Rio García “Ríus”, conocido caricaturisa y escritor de trayectoria, Cintia Bolio, monera y caricaturista que ha colaborado en la revista El Chamuco, La Jornada y Milenio, Jaime Avilés, periodista y ex-articulista del diario La Jornada, Paco Ignacio Taibo II, escritor e historiador de conocida trayectoria, Lorenzo Meyer, Profesor emérito del Colmex e historiador, Sergio Aguayo, politólogo, academico e investigador del Colmex, por mencionar algunos.
Personalmente creo que AMLO tiene muchos atributos criticables, como confiar en los procesos del sistema legal y político en México (que resulta un contrasentido habiendo enviado al diablo SUS instituciones, las de la oligarquía y partidocracia donde el PRD está incluído), y también ha cometido errores muy cuestionables y criticables como de alguna forma desconocer a Gerardo Fernández Noroña, que en mi opinión es un político notable que se ha empeñado en proteger muchos intereses de la población o del bien común. También se ha visto laxo, mucho a mi juicio, respecto a personajes como Manuel Camacho Solís, Manuel Bartlet o los llamados “chuchos”. La lista pues es larga, eso sin mencionar las críticas que las personas antes mencionadas han hecho y escrito en varios medios, faltaría buscar para darse cuenta que la crítica es un ejercicio que se practica mucho en la izquierda. También me considero de izquierda aunque bien estoy conciente de que la incipiente izquierda mexicana se ha quedado corta ante la situación del país, aún con todos sus logros, que no son pocos y sí muy notables e importantes.
La razón de éste artículo obedece a que no han sido pocas las ocasiones en que me encuentro con opiniones tan abyectas que uno no puede evitar sentir pena por el desinformado sujeto que las ha emitido. Eso me hace pensar que parte de esta situación se debe precisamente a la desinformación, la ignorancia y el desinterés de un aplio porcentaje de la población mexicana que según lo que escribe, vive en una burbuja donde la realidad del país (violencia, pobreza, miseria, desempleo, carestía, crisis) no cabe.
Como antes reconocí, hay mucha gente que se ofusca apenas alguien menciona algo que a su juicio es negativo contra AMLO, como si su trayectoria política lo hiciera infalible. Pero por igual existe mucha gente fanática que por el contrario practica un deporte que promovieron las televisoras y el consejo coordinador empresarial; argumentar falazmente y sobre todo ad hominem contra López Obrador. Esto podría explicarse sobradamente si viene de gente identificada con la derecha, pero ocurre también con gente que dice ser “de centro” o bien “apolítica”. Y un gran número de ellos a su vez también son anulistas.
En 2006 yo por ejemplo anulé mi voto. Consideré que AMLO ganaría y no es porque me tragara toda esa campaña de odio y facista que sí, muchos ingenuos e ignorantes se creyeron por completo al grado que hoy, a pesar de existir no sólo grandes evidencias contra tal campaña, sino que además ocurrió con Calderón todo lo que dijeron que ocurriría si ganba Obrador, siguen repitiendo como un mantra divino que es un antidemocrático, un peligro, un terrorista, un violento, etcétera. Por supuesto, cuando derespaldar tales afirmaciones se trata, a lo mucho se encuentra uno con un texto en línea de algunos medios impresos o un video en YouTube que no tiene ningún contexto real en la presente historia política de México.

Estoy de acurdo en que anular el voto es algo coherente si no se creé en el sistema político y electoral nacional. Por esa razón no voté en 2006. Claro está, no puede uno afirmar que la elección de entonces fue limpia, ya que hubo probadas irregularidades, y además, el hecho de que no se permita dar esa certeza que la propia ley establece (con el recuento absoluto de votos bajo debidas normas de observación públicas) hace que un argumento como “es que AMLO es un mal perdedor” sea igual que el de afirmar que la evidencia de que exista Satán es que no haya prueba alguna de su existencia. Una verdadera insensatez.
También existe el abstencionismo. Creo que a final de cuentas es responsabilidad de cada uno tomar la desición de votar, anular o abstenerse. Se supone que somos libres de hacer eso, al menos esa libertad aún la conservamos.
En este 2012 si que voté, y voté por AMLO. En efecto se trató de votar por el más conveniente, o como algunos lo presentan, por el menos “peor”, porque tampoco creo que las cosas fueran a cambiar de inmediato y además radicalmente si se hubiera reconocido su probable triunfo. La situación que hemos vivido desde 2006 es ya insostenible, eso me obligó a no anular mi voto en este año. La indiferencia y la insensatez que destilan muchos blogs, muchos medios informativos, es repugnante en una nación con el grueso de la población viviendo en la miseria, la hambruna y la falta de oportunidades. Todavía es peor el asunto cuando uno encuentra blogs cuyos administradores dicen ser escépticos, pero no dudan en repetir argumentos ya bastante gastados y en nada razonados como los siguientes:
- La gente que marcha y protesta es gente holgazana (huevona) que no trabaja.
- La gente que afirma que su poco poder adquisitivo es en gran parte responsabilidad del gobierno es mediocre. Siendo que el gobierno no es “milagroso”, la gente debe (otra vez) ponerse a trabajar, no estar de floja.
- Andrés Manuel sigue dividiendo al país y es un terrorista, violento, y antidemocrático, además se parece a los dictadores.
Argumentos que, además de insensibles son deleznables y por supuesto, no hace falta ser un analista, ni un investigador, ni tener más que un poco de inteligencia por encima del promedio para saber lo siguiente:
- La gente que marcha y protesta manifiesta su descontento por la falta de empleo y oportunidades. Las protestas no son cosa de gente huevona. Hace falta además de ser un insensato, un verdadero ignorante en la historia de las protestas y luchas sociales no sólo en México sino en el mundo para saber que justo la clase trabajadora, los más explotados, son los que más han protestado. Ha habido tan sólo en este sexenio lamentable que termina (con al rededor de 100,000 personas muertas como consecuencia de una “guerra” contra el narco) muchas protestas en varios países al rededor del mundo. La mayoría de las personas que han marchado y asistido a protestas son personas que en realidad deben dejar su tiempo libre para realizar estas acciones, el resto del tiempo deben trabajar. Por puro sentido común les pregunto a los que así opinan ¿qué creen que esa gente vive de tragar aire? Al igual que cualquier otra persona en este país, uno debe trabajar o “hacer algo” para poder comer, ya no digamos para cubrir sus necesidades. Emitir un juicio tan a la ligera como la afirmación de que esta gente (que no es poca) que protesta y marcha es huevona, utilizando además este peyorativo insultante para sobajar a quienes no han tenido las mismas oportunidades que los que cómodamente escribimos en un blog (aunque sea desde un cibercafé), es simple y llanamente una declaración inhumana que demuestra cuanto les importa lo que ocurre en México, pero bien dicen que “no es que no me importe quien gobierne” o “no es que no haga nada por mi país” o “no es que no me preocupe México”. ¿No?
- Definitivamente hace falta ser un completo cretino para afirmar que las prácticas que ha efectuado el gobierno mexicano a lo largo de la historia política nacional, no afecta a los habitantes de este país. El hecho de que organismos no democráticos (y no son tales porque nadie los eligió) como el Fondo Monetario Internacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, el Banco Mundial, por citar algunas, operen también de forma antidemocrática en México con el favor del gobierno en turno tan sólo ha logrado que México se convierta en una fábrica de gente pobre y miserable. Por supuesto que lo que haga o deje de hacer el gobierno afecta a la población. Si el gobierno no hace una campaña por ejemplo, debidamente organizada a favor del control de natalidad, con todo lo que eso implica, además de concientizar e informar bien a la gente, es por supuesto su responsabilidad la explosión demográfica que hoy México vive. Una prueba de esto es que la población mexicana creció tan sólo en el tiempo que el PAN está en la presidencia de 100 a 120 millones de habitantes [consultable en los Censos Nacionales de Población y Vivienda de 1910 a 2010], mucho de ello gracias a su ideología alineada con la de la iglesia católica.
También Chomsky ha mencionado al respecto que una de las capacidades de los gobiernos neoliberales es hacerle creer a la gente que es culpable de su propia situación. Y este argumento es común entre gente que simpatiza con la derecha, gente que se dice “de centro”, gente abstencionista y gente anulista, que cabe perfectamente en la categoría de insensible e ignorante, por decir lo menos. Aquí le preguntaría a estos cretinos ¿para qué sirve entonces el gobierno?
- Es curioso que, entre los calificativos que aplican al político tabasqueño, se encuentren el de dictador y terrorista. Considero que para tener un mejor panorama sobre qué es un dictador, uno debe consultar libros, pero un simple vistazo a la Wikipedia sobre el término, define bien que AMLO y el llamado “gobierno legítimo” no entran ahí, y que tanto los gobiernos del PRI y el PAN caben perfectamente (haría falta en realidad pensar que Hitler tiene más en común con AMLO que con algún presidente del PRI o el PAN). Por otro lado, la palabra terrorista es aplicable a quien ejerce terror en la población, y que se vale de el mismo (con métodos muy violentos) para ejercer sus demandas. ¿Las protestas, marchas, plantones, toma de calles y edificios, huevazos y mentadas de madre valen como actos de terror? Y ya en este tenor, ¿hay un video o de menos testimonio donde se afirme que AMLO llama a la gente a realizar estas acciones como para considerar que no son de cuenta propia? ¿Hay un video donde AMLO contradiga su discurso de siempre-pacífico? ¿Hay un acto que se considere violento que se sepa él o los movimientos que simpatizan con él los hayan organizado? Respecto a la figura del “Presidente Legítimo”, hay toda una historia en América Latina sobre tal.
Por último, la negación de las evidencias que han venido presentado las izquierdas en México no es cosa nada más de los poderes fácticos. El asunto trasciende a la gente que hemos estado mencionando en este artículo, como los obtusos e ignorantes, los desinteresados y cretinos, y los abyectos opinadores que reducen múltiples evidencias del fraude a unos animalitos como el pato y el puerquito que se incluyeron con el testimonio de mucha gente en los poblados más pobres del país. Las evidecias por cierto incluyen compra de votos con productos del PRI cuya contabilidad no checa con topes de campaña, o la inclusión de bancos como Monex o HSBC, además de irregularidades en casillas y conteos, que han sido revisados por numerosos catedráticos que incluyen casas como la UNAM, la parcialidad de las televisoras y los medios establecidos hacia el candidato del PRI, con monitoreos de su publicidad (que de nuevo no checa con los topes de gasto de campaña) desde al menos el 2005, copias de contratos a empresas ligadas con Televisa que incluyen a comentaristas de noticias como Joaquín Lopéz-Dóriga y el deleznable Óscar Mario Beteta, videos de acarreo de gente, ruleta, mapachismo, quema de votos, robo y embarazo de urnas, etcétera.
En realidad no entiendo por qué la gente que piensa esos tres puntos que discutí en el presente texto, gusta de practicar un razonamiento muy cretino y obtuso, y peor es cuando se denominan escépticos. Claro está, hay escépticos que no votan o anulan su voto, porque como dije antes, fuera de mi opinión personal de que ahora sí debía que votar, son coherentes, pues como se ha visto ahora, el voto no sirve porque las instituciones no respetan la voluntad popular y están al servicio de intereses más oscuros que vienen de Washington o los consorcios transnacionales que operan con impunidad como Walmart.
El decir eso, tampoco obedece a que yo piense que hay una “gran conspiración”. Más allá del vapuleado dicho de Andrés Manuel de que hay un “compló” (que sí lo hubo), debemos plantearnos cuál es el papel que juega nuestro país siendo vecino tan cercano y peligrosamente culturizado por los EE.UU.
Al respecto de lo aquí dicho, recomiendo leer los siguientes libros:
- Los Señores del Narco, Anabel Hernández. Editorial Grijalbo Mondadori, ISBN 9786073101042.
- Las manos sucias del PAN, José Reveles. Editorial Ediciones de hoy, ISBN 9786070710711.
- Los Nazi en México, Juan Alberto Cedillo. Editorial Debate, ISBN 9786074298635.
- Votas y te vas, Eduardo del Río (RIUS). Editorial Grijalbo Mondadori, ISBN 9789707802520.
- Cómo la hacen de PEMEX, Rafael Barajas “El Fisgón”, Editorial Planeta, ISBN978-607-7-00020-4.
Si no quieren tomar encuenta los varios libros que ha escrito AMLO (creo que lleva alrededor de diez) pues dénle una hojeada a esos a ver qué opinión tienen, ábranse al debate y tomen en cuenta que es más importante de lo que creen este tema, yo sé que tanto en el caso de la elección presidencial de 2006 como en esta de 2012 pudo haber ganado tanto Felipe Calderón como Enrique Peña Nieto respectivamente, tengo dudas sí, tiendo a pensar que ganó AMLO, pero la certeza sólo vendría con una revisión meticulosa y un recuento absoluto de votos. ¿A qué creen que se deba que no lo permitan?
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